Expedición científica recorre la Patagonia Norte para medir contaminación por microplásticos
Un equipo liderado por la Dra. Lara Marcus, investigadora de la Universidad San Sebastián, surcó los fiordos de la Patagonia Norte a bordo del velero Centinela I para evaluar el alcance de la contaminación plástica en la zona. El proyecto busca comprender cómo los desechos plásticos afectan uno de los ecosistemas marinos más ricos de Chile, expuesto a una presión ambiental creciente.
María José Marconi J., Vicerrectoría de Investigación y Doctorados USS.
La imagen de una Patagonia prístina contrasta con una realidad menos visible: huellas persistentes de la actividad humana, incluso en sus aguas más remotas. En un territorio de paisajes monumentales y gran riqueza biológica, la contaminación por plásticos se ha vuelto parte del entorno, como ocurre en prácticamente todo el planeta.
Para dimensionar este fenómeno en la Patagonia Norte, un equipo de científicos zarpó desde Puerto Montt en una travesía de diez días liderada por la Dra. Lara Marcus, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad San Sebastián. A bordo del velero-escuela Centinela I, recorrieron fiordos y canales, con estaciones de muestreo en el mar interior de Chiloé, el Seno del Reloncaví, el Golfo de Ancud y el Golfo de Corcovado, recolectando muestras para evaluar la presencia de plásticos, desde fragmentos visibles hasta partículas microscópicas, y su interacción con el ecosistema marino.
La expedición, apoyada por la Vicerrectoría de Investigación y Doctorados, se enmarca en un proyecto Fondecyt que busca estudiar la contaminación plástica en ecosistemas australes a partir de dos campañas realizadas durante 2025, diseñadas para comparar estaciones. La primera se realizó en abril, en pleno otoño, con condiciones más inestables, y la segunda a inicios de diciembre, con un escenario típicamente más favorable para el trabajo en terreno.
Estas dos campañas nos van a permitir comparar cómo se distribuye la contaminación plástica durante dos períodos del año marcadamente distintos”, explica la Dra. Marcus. En diciembre, el buen tiempo permitió completar el plan sin contratiempos: “La expedición fue todo un éxito; logramos los objetivos que nos habíamos propuesto. Tuvimos una ventana de calma en el mar que nos permitió realizar todas las actividades previstas”, relata.
El equipo incluyó científicos de la Universidad San Sebastián, junto a especialistas del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y del Centro Ballena Azul. La tripulación del velero, liderada por la capitana Millaray Briceño, junto a estudiantes USS, apoyó las tareas de muestreo y la operación diaria a bordo.
Una mirada ecosistémica en terreno
La expedición tuvo un enfoque amplio. Por una parte, el equipo tomó muestras de agua en puntos estratégicos donde la dinámica de corrientes y masas de agua podría favorecer la acumulación de microplásticos y basura plástica. En esas estaciones realizaron mediciones oceanográficas, físicas y químicas que ayudan a interpretar cómo se transporta y dónde tiende a concentrarse lo que llega al mar. De manera preliminar y a simple vista, algunas muestras ya evidenciaron una mayor presencia de plásticos.
Por otra parte, recolectaron organismos de distintos niveles de la cadena trófica (plancton, peces y mariscos) para explorar si estas partículas están entrando a los sistemas biológicos a través de la ingesta, y su posible transferencia a lo largo de la red alimentaria, con efectos potenciales a nivel celular y fisiológico.
Además, el equipo realizó toma de biopsias a delfines y ballenas, con el propósito de indagar, mediante análisis posteriores, la posible acumulación de compuestos asociados a plásticos en fauna mayor. En el caso de peces y mariscos, el interés también dialoga con otra pregunta: qué significa esta contaminación en especies de consumo y qué evidencia se requiere para discutir implicancias ambientales y sanitarias con mayor base científica.
Obtener muestras de mamíferos marinos no fue simple. “En esta ocasión los delfines se mostraron muy esquivos, lo que nos obligó a adaptar la ruta y realizar una búsqueda activa”, cuenta la Dra. Marcus. Aun así, la navegación dejó escenas memorables: avistaron orcas y una ballena sei junto a su cría, un encuentro que el equipo vivió como un recordatorio concreto de lo que está en juego cuando se habla de conservación en aguas australes.

Foto: Nicolás Muñoz
Ciencia para orientar decisiones de conservación
Uno de los puntos que la investigadora subraya es que el problema no se limita a un hallazgo puntual. La contaminación plástica ya forma parte del paisaje ambiental y exige mirar fuentes, rutas de transporte y efectos con perspectiva sistémica. En una región marcada por intensa actividad humana costera y marina, incluida la salmonicultura, la pesca, la navegación y la influencia de centros urbanos, el desafío es generar evidencia que permita diferenciar patrones, estimar magnitudes y sostener decisiones de manejo con datos, no con intuiciones.
En ese marco, el equipo enfatiza la necesidad de fortalecer acciones integrales basadas en evidencia: monitoreo sostenido, protección efectiva de áreas sensibles y mejores prácticas de gestión de residuos tanto en tierra como en el mar. También plantean que se requieren más campañas para observar tendencias y variabilidad estacional, y para comprender con mayor precisión qué significa esta “huella” en términos ecológicos.
Esta nueva travesía a bordo del Centinela I deja una idea instalada: los lugares remotos no están aislados de las presiones globales. Medir lo que ocurre bajo las aguas patagónicas, con metodología, comparaciones y series de datos, es un paso decisivo para cuidar estos ecosistemas y pensar una protección que no dependa solo de la belleza del paisaje, sino del conocimiento que somos capaces de producir sobre él.