16 junio, 2026

Ética, educación y desarme: académicos USS participan en encuentro internacional de política y diplomacia para científicos

La Dra. Andrea Leisewitz, directora de Integridad, Seguridad y Ética de la Investigación de la USS, expuso y moderó sesiones en el Workshop on Policy and Diplomacy for Scientists, organizado en La Haya por la OPAQ y la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU. El Dr. Javier Campanini, académico de Química y Farmacia de la sede De la Patagonia, participó junto a científicos de 25 países.

 

María José Marconi J., Vicerrectoría de Investigación y Doctorados USS.

académicos USS participan en encuentro internacional de política y diplomacia para científicos

A fines de mayo se realizó en La Haya el Workshop on Policy and Diplomacy for Scientists, organizado por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) en conjunto con la Unidad de Apoyo a la Implementación de la Convención sobre Armas Biológicas, dependiente de la Oficina de Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas (UNODA). La instancia reunió a científicos jóvenes de 25 países, principalmente de economías en desarrollo o en transición, para acercarlos a los dos tratados internacionales que prohíben las armas químicas y biológicas, y al rol que la ciencia puede cumplir en su implementación.

La Universidad San Sebastián tuvo una doble presencia en el encuentro. La Dra. Andrea Leisewitz, directora de Integridad, Seguridad y Ética de la Investigación (DISEI) y miembro del Consejo Asesor sobre Educación y Divulgación de la OPAQ, integró el cuerpo de expositores junto a especialistas de organismos internacionales y académicos de Reino Unido, China, Suiza y Costa Rica, entre otros. El Dr. Javier Campanini, académico de la Escuela de Química y Farmacia de la sede De la Patagonia, participó como parte de la red de jóvenes científicos que la OPAQ ha formado a través de sus programas de cooperación internacional.

El punto de partida del workshop fue la distancia existente entre la comunidad científica y los marcos internacionales que regulan su trabajo.

En general, los científicos no están al tanto de estos tratados, ni de qué significan ni de cómo se relacionan con su trabajo. Están en los laboratorios y las universidades haciendo sus investigaciones, y hay poco entendimiento de estos temas”, explica la Dra. Leisewitz.

Las jornadas combinaron ponencias sobre la historia de ambas convenciones, los regímenes de verificación, la convergencia entre química y biología y el impacto de tecnologías emergentes (como la IA), con ejercicios prácticos que simularon escenarios de presunto uso de armas químicas y biológicas.

Una de las discusiones recurrentes giró en torno a las entidades y protocolos nacionales que cada Estado debe designar para implementar las convenciones una vez ratificadas. “Cada país que ratifica estos tratados se compromete a implementarlos, y para eso debiese existir una autoridad nacional encargada. En Chile la autoridad nacional es la Dirección General de Movilización Nacional, pero muchos de los científicos presentes no sabían quién cumple ese rol en sus países, ni a quién acudir para incidir en las regulaciones”, señala la directora de la DISEI. Ese contraste, agrega, mostró que los países participantes se encuentran en etapas muy distintas de desarrollo normativo e institucional.

Educar en el porqué de las reglas

En su primera ponencia, junto al Dr. James Revill (UNIDIR), la Dra. Leisewitz abordó  el panorama actual de amenazas en química y biología. En la segunda, dedicada a educación, ética y ciencia responsable, propuso trasladar el foco desde las normas hacia su fundamento.

La ética tiene que ver con una reflexión sobre por qué existen las reglas. ¿Por qué tienes que ponerte guantes? ¿Por qué no puedes eliminar residuos por el desagüe? Porque hay riesgos, porque eso afecta a los demás. Tiene que ver con valores, con el respeto”, afirma.

En su presentación destacó la Declaración de Singapur sobre la Integridad en la Investigación como marco articulador de los múltiples lineamientos éticos que hoy existen dispersos por disciplina; desde las directrices éticas de La Haya en química hasta las guías de bioseguridad de Tianjin en biología. “Todos parten de los mismos valores madre: el respeto por las personas, por el entorno, por los otros seres vivos. La Declaración de Singapur es el paraguas que los engloba”, explica. Su propuesta apuntó también a una problemática práctica, señalando que el material educativo sobre estas materias abunda, pero no llega a quienes debe llegar. “Hay mucho material disponible, de Naciones Unidas, de la Organización Mundial de la Salud, de la propia OPAQ. La pregunta es cómo lo hacemos llegar. Se podría definir encargados en universidades de los distintos países, que se capaciten y generen instancias en sus instituciones de manera de formar a los formadores; plantar semillas para que esto se disperse”.

Su evaluación del encuentro es positiva, aunque con matices que considera parte natural del proceso. Se logró sensibilizar y hacer conciencia de que los científicos tenemos un rol en la política pública. Llegar a la implementación concreta en cada país es un paso siguiente, porque muchos están todavía resolviendo cuestiones de base”, indica.

En la jornada final, la Dra. Leisewitz moderó además una sesión grupal sobre las oportunidades de cooperación entre ambas convenciones, cuyo desarrollo ha sido asimétrico: la de armas biológicas, aunque anterior, no cuenta con los mecanismos de verificación que sí ha construido el régimen químico.

El Dr. Campanini, en tanto, llegó al workshop tras haber completado en 2023 el Associate Programme de la OPAQ, un entrenamiento en seguridad química y no proliferación, y en momentos en que lidera el primer proyecto adjudicado desde Chile con financiamiento de la organización, orientado a anticipar derivados ultrapotentes del fentanilo que podrían ser empleados como armas químicas. La iniciativa fue presentada ante el grupo como ejemplo de incidencia en política pública desde la ciencia.

Ser parte de este encuentro fue una experiencia sumamente enriquecedora y relevante para mi desarrollo profesional. Tener la oportunidad de dialogar con colegas de 25 países y de distintas disciplinas científicas me permitió comprender, desde una perspectiva mucho más amplia, los desafíos globales en materia de diplomacia científica y no proliferación”, señala el académico.

“Espacios como este son fundamentales, ya que fortalecen los puentes entre la ciencia y la política, y nos preparan para contribuir de manera más efectiva a la cooperación internacional y a la implementación de tratados internacionales como la Convención de Armas Químicas y la Convención de Armas Biológicas”, concluye el Dr. Campanini.